lanza

Mantente erguido

 

En la dicha o en la angustia,

en miseria o en riqueza,

en salud o enfermedad,

mantente erguido y sonríe.

 

Ante quienes se abalanzan,

o se echan al vacío,

o se hieren mutuamente,

mantente erguido y sonríe.

 

Y si avanzan a codazos,

y ávidos tienden la mano

o se ocultan al acecho,

mantente erguido y sonríe.

 

Ante aquellos que disputan,

ante aquellos que se injurian,

y los cierran los puños,

y los que apuntan sus armas,

mantente erguido y sonríe.

 

En el día de la ira

y de la desbandada,

cuando todo cae y arde,

solo en medio del pavor,

mantente erguido y sonríe.

 

Ante justos cuellitiestos,

ante jueces implacables

y afanosos personajes,

mantente erguido y sonríe.

 

Cuando oigas tu alabanza,

o te escupan en la cara,

mantente erguido y sonríe.

 

Y si estás entre los tuyos,

mantente erguido y sonríe.

Y delante de tu amada,

mantente erguido y sonríe.

 

En los juegos y en las danzas,

mantente erguido y sonríe.

 

En vigilias y en ayunos,

mantente erguido y sonríe.

 

Solo, en el alto silencio,

mantente erguido y sonríe.

 

Y ya al borde del gran viaje,

aun cuando lloren tus ojos,

mantente erguido y sonríe.

 

(Lanza del Vasto, Umbral de la vida interior, Sígueme, Salamanca, 1976, p. 69-70)

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